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Sólo 90 días duró la ordenanza que restringía el funcionamiento de locales nocturnos. Hoy es criticada por vecinos y locatarios.
Durante este martes el concejo municipal de Providencia aprobó por 4 votos a favor y 5 en contra la modificación de la polémica ordenanza impulsada por Josefa Errázuriz, que restringía el horario y venta de alcohol en locales nocturnos.
De esta manera, el nuevo horario será hasta las cuatro de la mañana los días jueves, viernes, sábado y víspera de festivos para recintos en general, mientras que las botillerías podrán funcionar hasta la una de la mañana durante los mencionados días.

Las agrupaciones de empresarios celebraron la medida, pero acusaron serias dificultades que enfrentaron (y enfrentan) durante los tres meses que duró la ordenanza, en relación a perdidas, despidos y funcionamiento. La alcaldesa, por su parte, no tuvo más que reconocer el traspié: “como persona y autoridad, respeto la democracia”.

Esta es la historia detrás de la ordenanza que hoy tiene a Errázuriz bajo los cuestionamientos de todos los sectores:

Los argumentos

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“La delincuencia provocada por el alcohol en algunos barrios saturó a nuestros vecinos residentes”. Mensajes de ese estilo comenzaron a circular por redes sociales antes de que entrara en vigencia la medida, acompañados de una imagen de la alcaldesa.

Efectivamente, los argumentos que usó Josefa Errázuriz en su campaña pro-ordenanza y en sus constantes apariciones en medios de prensa eran la seguridad y la delincuencia. Sin embargo, a poco andar, fueron los propios carabineros de su comuna quienes aclararon las cifras.

“No se puede afirmar estadísticamente que así sea (que el alcohol genere delincuencia), habría que estudiar delito por delito, su comportamiento, aún así dadas estas cifras, se desprende que el horario de mayor ocurrencia es durante la tarde, es decir de 12 a 20 horas (el 85% de los casos)”, explicó el Mayor de Carabineros y Jefe Operativo de la 19° Comisaría de Providencia, Eduardo Yussef.

La autoridad comunal también aseguró que la medida fue pedida por los vecinos en los cabildos y en el Plan de Desarrollo Comunal. Sin embargo, locatarios que asistieron a dichas instancias aseguraron en diversos medios que el tema del alcohol nunca se tocó.

En esta línea, el concejal de la comuna, Pedro Lizana, reconoció que los asistentes a los cabildos son “un grupo pequeño que no tiene ninguna representatividad. A un cabildo nunca van más de 50 personas”. Efectivamente los datos publicados por la misma municipalidad indican que, por ejemplo, en abril de 2013, a los cabildos asistieron en promedio de 120 vecinos por reunión, mucho menos del 1% en relación a los 126 mil hablantes que tiene la comuna.